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Melitta Bentz: La historia de la mujer que inventó el filtro de café

Hay muchas cosas en la vida que usamos a diario y que no nos detenemos un segundo a preguntarnos cómo o por qué o quién o cuándo lo diseñó o inventó; el filtro de café es una de esas cosas. Se usan millones de filtros en el mundo todos los días, y aún así difícilmente alguien sabe su curioso origen.  A veces pensamos que las cosas son eternas y que siempre existieron, o que son producto de la generación espontánea, pero la verdad es que todo tiene un inicio…y un final.

Hoy les contaré otra historia maravillosa en la industria del café que tiene como protagonista a una visionaria y perseverante mujer. La historia de dónde y cómo nace este objeto simple y sencillo, pero que revolucionó el consumo de café y que sigue vigente hasta el día de hoy.

Amelie Auguste Melitta Bentz, Nació en 1873 en  lo que hoy es Alemania. Nació en una época donde el consumo del café estaba expandiéndose por todo el continente y en un tiempo donde ya era fácil encontrar café en todas las casas. Cuando Melitta probó el café por primera vez, se enamoró de la bebida, pero no de su amargor ni de los restos de café molido que tenía que limpiarse del paladar al beberlo; pues para preparar café se utilizaban métodos como el del café turco o se filtraba con telas muy gruesas y terminaban bastantes sólidos residuales en la taza. 

Un día cansada de no poder disfrutar su café de las mañanas por esta sensación parecida a tomar tierra, decidió arrancar una hoja de papel del cuaderno de uno de sus hijos y ponerlo encima de un recipiente de latón con hoyos; echó el café ahí, el agua  y et voilà, el mundo conoció el filtro de café. Funcionó a la perfección porque las hojas de papel de los cuadernos de antes, estaban hechas de lino y algodón y pulpas de madera, y era suficientemente porosas para dejar pasar el agua pero no los sólidos.

Aquí empieza lo divertido, Melitta se dió cuenta de la mejoría que tenía su taza de café, en sabor y sensación y se le prendió el foco… (bueno la vela, el foco se inventó por la mismas fechas y quién sabe si tenía en su casa) y pensó en patentar y a comercializar su invento. En 1908, a sus 35 años de edad, consiguió la patente del filtro de café y empezó la misión de llenar al mundo de tazas de café limpias de sedimentos.

Amelie empezó en su casa, contrató a su esposo para que le ayudara, y movió a sus tres hijos a un solo cuarto para usar el resto como área de producción, además que los convirtió en los repartidores de los filtros.  Empezó a hacer reuniones de café para que la gente lo tomara con su método y experimentaran la diferencia. Tuvo un éxito inmediato.
Empleó a 15 personas y compró maquinaria para acelerar la producción, y en ese exacto momento, pasa lo que siempre pasa en la vida, ALGO QUE TE HACE RETROCEDER, en este caso la primera guerra mundial. El conflicto bélico llega y en las trincheras no eran tan quisquillosos y el café se lo tomaban sin filtrar; además que el  esposo y el hijo mayor de Melitta fueron reclutados y tuvieron que ir a pelear porque un Serbio mató en Bosnia al archiduque de Austria Franz Ferdinand, y pues Francia Rusia e Inglaterra, con toda la razón y la lógica de su lado (sarcasmo), tuvieron que invadir Alemania ( pero bueno esa es otra historia). La fábrica se queda sin trabajadores ni clientes, pero con una mujer recursiva y brillante al mando. Amelie cambia de giro total y empieza a hacer cajas de cartón que solicitaban en el ejército. Así fue como logró mantener el negocio hasta que cesó la primera guerra y pudo retomar la fabricación de filtros. A los años, la demanda se incrementó por toda Europa y el mundo, Melitta había revolucionado la forma de beber café. PERO, pasó lo que siempre pasa, ALGO QUE TE HACE RETROCEDER, en este caso la segunda guerra mundial. El malhumorado del bigotito le dijo que no podía estar haciendo más filtros y que el Reich necesitaba su fábrica para utensilios de guarra. 

Fue hasta 1947 que pudo volver a hacer filtros, y lamentablemente, murió 3 años después a los 77 años. Durante esos tres años, nombró a cargo a sus hijos mientras  ella se dedicaba a mejorar las condiciones laborales en su empresa. Instauró la semana de solo 5 días y un bono navideño, algo así como nuestro aguinaldo. Además fundó la Melitta Aid, una asociación dedicada a brindar ayuda social a sus trabajadores. 

A día de hoy, es una empresa que sigue siendo dirigida por sus descendientes, que emplea a más de 5 mil personas, y que genera ventas de más de dos mil millones de dólares al año.


Otra historia donde la perseverancia gana, dónde la creatividad y el ingenio superan todos los obstáculos; otra historia que nos dice lo importante que es saber ajustar las velas y cambiar el curso de un viaje, pero nunca el puerto al que hemos de llegar.

Páez aquí, hasta la siguiente. 

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